LA BAJADA QUE NO SE ESPERABA

Eran muchas las apuestas que se tenían frente la última decisión de política monetaria nacional este viernes 25 de 2020, sin embargo, en los últimos sondeos realizados al mercado financiero, la mayoría de los agentes estaban proyectando que, la tasa de intervención se mantendría en los niveles ya percibidos del 2%; pese a lo anterior y para sorpresa de muchos, el banco central tomó la decisión de disminuirla 25 puntos básicos posicionándola en 1,75%, un nuevo mínimo histórico.




Según rueda de prensa, los dos fenómenos que motivaron la mencionada decisión fueron:

1. La inflación registrada en agosto (1,88%) y la proyección del ente regulador del cierre de mencionado indicador para el cierre del año 2020 de 2,75%.

2. La baja reactivación económica pese a la flexibilización liderada por el gobierno nacional para hacer frente a la pandemia actual, que ha llevado a estimaciones de contracción del 10% del PIB este año.

¿Qué es entonces lo que se debe esperar como consecuencia de la estrategia impulsada por el banco central?

Como primer esbozo se tiene que:

1. En los primeros meses de la pandemia, ante la gran incertidumbre que rondaba a mercados, empresas y hogares, muchas entidades del sector financiero enfrentaron retiros cuantiosos de los recursos que les habían sido confiados y de las inversiones que se habían hecho con su intermediación. Los precios de las acciones y los títulos de deuda colapsaron. Por ejemplo, de mediados de febrero a mediados de marzo, las tasas de interés de los títulos de deuda pública a plazos de 1, 5 y 10 años, se incrementaron a cifras que, de haberse mantenido, habrían puesto en serios aprietos a la maltrecha sostenibilidad fiscal.

2. El primer frente de acciones del Banco veló por restaurar la liquidez y calmar los mercados financieros locales. El Banco abrió ventanas de liquidez extraordinarias en esfuerzos por contener esas disrupciones financieras. Fueron extraordinarias en la medida en que jugadores que no solían tener acceso a recursos del Emisor lo tuvieron, y en que el Banco compró títulos financieros que no hacen parte de su canasta usual. Los mercados fueron recuperando la calma.

3. Por el lado de las tasas que enfrenta el gobierno para financiarse, esta política parecería haber funcionado: las tasas de corto y mediano plazo, a pesar de las dudas sobre la sostenibilidad fiscal, son ahora menores que las vigentes en la antes de la pandemia.


4. Poco ha disminuido el BANREP la tasa de política comparada con la reducción durante la crisis de 2008, cuando la bajó desde un pico de 10 por ciento hasta el 3 por ciento: 700 puntos básicos de caída. En esta ocasión la ha bajado, a la fecha, en 250 puntos básicos y no tiene forma de llegar a los 700 sin adentrarse en el fangoso terreno de las tasas de interés negativas. Sin embargo, queda “munición” antes de que las tasas se acerquen al cero.

El primer debate que se viene es qué tanto más bajarla y qué tan rápido. Curiosamente, en el trecho de reducciones de la presente crisis, hubo rondas en las que esa decisión dividió la opinión de los miembros de la Junta del Banco.

En el siguiente gráfico se evidencia en el eje horizontal la tasa de interés de los Bancos Centrales antes de la pandemia y, en el eje vertical, qué tanto la han reducido desde entonces.


Por ejemplo, la India comenzó con una tasa de 5.25 por ciento y la redujo hasta cero. En América Latina, Chile y Perú tenían poco espacio y prácticamente lo consumieron todo, mientras que Brasil, Colombia y México tienen todavía munición disponible.

El segundo debate que se viene es cómo funcionará la política monetaria a medida que la tasa de política se acerca a cero. Allí hay un terreno recorrido por varios Bancos Centrales de países ricos, especialmente tras la crisis de 2008, pero pocas experiencias de países en desarrollo. Con certeza en el BANREP deben estar pensando en las alternativas para ese escenario, pero esa carta de navegación habrá que concretarla, y debatirla.

5. El tercer tema junta las preocupaciones fiscales con los retos monetarios. Las utilidades del Banco son parte del presupuesto general de la Nación. El objetivo del Banco no es maximizarlas, pero obviamente, cumplidos el resto de objetivos, nos conviene que sean lo más altas posibles. Con la significativa engordada de los activos locales y externos, se abre de nuevo la pregunta de cómo invertirlos y si hay espacio para un manejo financiero más agresivo de una parte de estos en busca de mayores rendimientos.

Ese cálculo es complejo porque un portafolio invertido de manera más agresiva es también más volátil. El reciente escándalo por la venta de oro por parte del Banco en momentos en que el precio subía pone de presente las complejidades políticas de la decisión. Lo más cómodo para el Banco es plantarse en una estrategia muy conservadora.

Como se manifestó en las anteriores líneas, son muchos los interrogantes frente a esta medida, pero lo que si es una certeza, es que como cualquier indicador económico y de política es importante sondearlo, pues más temprano que tarde toca de manera importante los bolsillos de nuestras empresas y hogares.

“Amanecerá y veremos…….

MARIA MERCHÁN MORALES

Director Finance Department

Profesional en Finanzas y Comercio Exterior- Universidad Sergio Arboleda

Administradora de Empresas- Universidad Sergio Arboleda

Especialista en Gerencia Financiera- Universidad Javeriana de Colombia

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