EL TELAR DE LOS SUEÑOS ROTOS



Escribir este artículo me trae cierta sensación incómoda, una mezcla entre incredulidad y rabia, algo así como un “guayabo cognitivo”. Hablar sobre pirámides me parece un tema trillado, aburridor y triste, más en un país que vivió lo peor de este tipo de esquemas con millones de perjudicados y billones de pesos en pérdidas; sin embargo, los mencionados esquemas piramidales se las han arreglado para cambiar de nombre o modus operandi, proponiendo nuevas figuras llamativas amparadas en movimientos sociales, de género y toda suerte de artimañas para atraer a nuevas víctimas.


Algunos pueden pensar que aquellos que invierten en pirámides merecen su suerte, como si fuera una especie de castigo divino por caer ante la seducción del dinero fácil y rápido, pero el problema es complejo si tenemos en cuenta el crecimiento exponencial de estas estructuras, que en algunos casos pueden llegar a destruir economías enteras, como por ejemplo en Albania entre 1996 y 1997 las pirámides acumularon cerca de $2.000 millones de dólares, algo así como el 30% del PIB, finalmente, cuando estas se derrumbaron, las turbas de estafados destruyeron bancos y edificaciones, el ejército tuvo que restablecer el orden y el primer ministro fue obligado a dimitir.


En Colombia tuvimos nuestra historia con pirámides, pero lejos de aprender la lección, nuevamente nos atacan bajo los nombres de células de abundancia, bolas solidarias, círculos de la prosperidad, flores de abundancia, ruedas de amistad, telares de abundancia, telar de los sueños o mandalas. Pueden tener cualquier nombre, pero continúan siendo estafas de tipo piramidal, en este caso hablamos de pirámides abiertas en las cuales una persona es reclutada por alguien que ha sido previamente reclutado; las pirámides de tipo cerrado fueron muy conocidas por todos los colombianos allá en 2008, por eso no me referiré a ellas.


Este nuevo tipo de pirámides donde la más conocida en Colombia puede ser el telar de los sueños se han dispersado especialmente por redes como WhatsApp, Instagram y Facebook, particularmente entre mujeres y tratan de justificar su accionar al usar términos como “economía solidaria” o “regalos”, sin embargo, nada está más alejado de la realidad, los participantes de estos esquemas deben aportar $1,400 dólares con la expectativa de recibir $11,200 dólares a la vuelta de un mes y su colapso se presenta cuando no quedan nuevos miembros (o incautos) por ingresar; tal como está diseñado el esquema un 90% de los participantes están condenados a perder.


La llegada de estas estructuras a América Latina se conoce desde el año 2008 y en Colombia desde el año 2016 se tienen registros de los telares de la prosperidad o abundancia, de hecho, la Superintendencia Financiera de Colombia no solo ha entrado a intervenir, sino que ha reiterado en repetidas ocasiones sobre el peligro que este tipo de esquemas suponen, ya que los participantes y promotores de estas actividades no solo pueden perder su dinero sino enfrentar procesos penales por la captación no autorizada de recursos del público.


Creo que existe una relación directa entre la ausencia de educación financiera y la proliferación de las pirámides, también un componente de temeridad donde incluso conociendo los peligros, muchos deciden probar suerte a sabiendas que pueden perjudicar a otros, es en este punto donde el tema deja de ser financiero y se convierte en ético, sinceramente espero que ninguno de los lectores de este artículo esté involucrado y que todos ayudemos a proliferar la alerta con respecto a este tipo de estafas.


Articulo escrito por nuestro analista financiero invitado Eduardo Bolaños.

62 vistas0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo